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Rehabilitar no es quitar el dolor: cómo entendemos la recuperación en Movement Solutions

hace 7 días
13 min de lectura

Entrevista a Felipe Osorio, jefe del Área de Rehabilitación de Movement Solutions


Cuando una persona consulta por dolor, es comprensible que su primera expectativa sea dejar de sentirlo. El dolor puede impedirle entrenar, trabajar, dormir, jugar con sus hijos o realizar una actividad cotidiana que hasta hace poco parecía sencilla. Sin embargo, que un síntoma disminuya no significa necesariamente que el proceso de rehabilitación haya terminado ni que la persona haya recuperado aquello que realmente necesita para volver a su vida.


En Movement Solutions entendemos la rehabilitación como un proceso centrado en la persona. Esto implica mirar más allá de una estructura lesionada, un diagnóstico o una escala de dolor. Significa comprender quién está delante de nosotros, qué actividades se han visto afectadas, qué espera recuperar y qué capacidades necesita desarrollar para volver a moverse con confianza.


Esa mirada también modifica la forma de evaluar, intervenir y decidir un alta. Una rehabilitación no debería reducirse a aplicar técnicas aisladas ni a repetir una receta general. Requiere una evaluación sólida, objetivos relevantes, una planificación individualizada, mediciones que permitan observar el progreso y un equipo capaz de revisar sus decisiones durante todo el proceso.

Para profundizar en esta forma de trabajo, conversamos con Felipe Osorio, jefe del Área de Rehabilitación de Movement Solutions, sobre tres preguntas fundamentales: por qué rehabilitar no es lo mismo que quitar el dolor, qué hace MS para mejorar la sintomatología y la función de las personas, y cuáles son los verdaderos objetivos de un alta.


Felipe, ¿por qué rehabilitar no es lo mismo que quitar el dolor?


En Movement Solutions entendemos la rehabilitación desde una perspectiva centrada en la persona. Para nosotros, rehabilitar no significa simplemente conseguir que desaparezca un síntoma. Nuestro primer desafío es conocer y comprender a quien tenemos delante: saber qué necesita, cómo su condición está impactando su vida, cuáles son las actividades que ha dejado de realizar y qué objetivos desea recuperar.

Muchas veces el dolor es la razón que lleva a una persona a consultar. Es la señal más evidente y, naturalmente, aquello que más le preocupa. Puede aparecer al caminar, levantar un objeto, correr, entrenar o incluso durante el descanso. Pero el dolor no siempre representa la totalidad del problema. Dos personas pueden llegar con dolor en una misma zona y, aun así, presentar historias, limitaciones, capacidades y necesidades completamente diferentes.


Una podría necesitar volver a subir escaleras sin temor; otra, regresar a una competencia; otra, recuperar la seguridad necesaria para cargar a su hijo; y otra, simplemente comprender por qué lleva meses evitando ciertos movimientos. Aunque el síntoma se parezca, el proceso no puede construirse de la misma manera para todas.

Por eso, antes de pensar en una intervención, necesitamos realizar una evaluación sólida. La evaluación nos permite identificar los principales problemas que podrían estar influyendo en la situación de esa persona, conocer sus capacidades actuales y comprender cuáles son las limitaciones que realmente afectan su día a día. También nos ayuda a establecer objetivos claros y relevantes, porque no basta con definir el éxito únicamente como “tener menos dolor”.


El dolor importa y debe ser escuchado. No queremos restarle valor ni decirle a una persona que lo que siente es secundario. Lo que planteamos es que la rehabilitación no puede quedar limitada exclusivamente a perseguir el síntoma. Una disminución temporal del dolor puede ser una buena señal, pero la pregunta siguiente debe ser: ¿qué puede hacer ahora esta persona que antes no podía hacer?

Si alguien deja de sentir dolor porque ha evitado por completo la actividad que lo provocaba, probablemente todavía no hemos resuelto el problema que lo llevó a consultar. Si un corredor ya no siente molestias porque dejó de correr, pero aún no tiene la capacidad para retomar progresivamente su entrenamiento, no podemos confundir ausencia de exposición con recuperación. De la misma manera, si una persona puede realizar movimientos simples en un ambiente controlado, pero continúa sin confianza para volver a su trabajo o deporte, todavía existe una brecha que debemos abordar.

Rehabilitar implica recuperar función. Y la función no es una idea abstracta: se relaciona con las demandas reales de la vida de cada persona. Puede significar caminar, agacharse, saltar, levantar peso, cambiar de dirección, soportar una jornada laboral o tolerar nuevamente el volumen de entrenamiento que exige un deporte.


A partir de esa comprensión construimos un plan de trabajo único y personalizado. Ese plan integra la evidencia científica disponible, la experiencia clínica y el análisis colaborativo de nuestro equipo de kinesiólogos. No se trata de elegir una técnica por costumbre ni de replicar automáticamente lo que funcionó con otra persona. Se trata de tomar decisiones que tengan sentido para ese paciente, en ese momento y frente a los objetivos que definimos junto a él.


También entendemos la rehabilitación como un proceso de aprendizaje. La persona no debería limitarse a recibir pasivamente una intervención. Necesita comprender qué le está ocurriendo, qué estamos trabajando, por qué elegimos determinadas estrategias y cómo puede participar activamente en su recuperación.


Esto es especialmente importante porque ningún proceso depende solamente de lo que sucede dentro de una sesión. Las decisiones cotidianas, la dosificación de la actividad, el descanso, la confianza, la adherencia al plan y la forma de responder ante una eventual molestia también influyen. Parte de nuestro rol consiste en entregar herramientas para que la persona pueda tomar mejores decisiones fuera de Movement Solutions y continuar avanzando con mayor autonomía.


Por eso, rehabilitar para MS implica mucho más que disminuir un síntoma. Significa acompañar a una persona a través de un proceso integrado de evaluación, aprendizaje y mejora. Significa comprobar que lo planificado realmente funciona para ella, ajustar aquello que no está generando la respuesta esperada y acercarla progresivamente a las actividades y objetivos que motivaron su consulta.


Todo esto ocurre, además, en un entorno que invita al movimiento. El espacio, los implementos y la manera en que trabajamos reflejan nuestra intención de que la persona vuelva a explorar sus capacidades. No queremos que se sienta definida por una lesión ni permanentemente limitada por un diagnóstico. Queremos que vea posibilidades de progreso y que participe activamente en ellas.


Ese ambiente físico solo adquiere sentido cuando está acompañado por calidad humana y profesional. Nuestro compromiso no consiste únicamente en disponer de tecnología o equipamiento, sino en mantener un equipo que estudia, conversa, mide, cuestiona sus decisiones y busca constantemente mejores maneras de ayudar.


En síntesis, el alivio del dolor puede ser una parte importante de la rehabilitación, pero no es necesariamente su destino final. El objetivo es que la persona recupere capacidades, función, confianza y herramientas para volver a vivir y moverse de acuerdo con aquello que es importante para ella.

“La pregunta no es solamente cuánto disminuyó el dolor, sino qué puede volver a hacer hoy la persona y qué herramientas posee para continuar avanzando”.

¿Qué hacemos en Movement Solutions para mejorar la sintomatología y la función de las personas?


Antes de intervenir, nuestra prioridad es comprender qué está ocurriendo. Parece una idea sencilla, pero determina toda la calidad del proceso posterior. Si no entendemos el problema, las necesidades de la persona y el contexto en el que aparece su limitación, cualquier intervención corre el riesgo de transformarse en una acción aislada, sin una dirección suficientemente clara.


Por eso, cada kinesiólogo de Movement Solutions debe manejar un sistema específico de evaluación que hemos desarrollado y perfeccionado durante años. Este sistema no busca que todas las personas sean evaluadas de manera idéntica, sino asegurar que nuestro razonamiento siga principios compartidos y que la información obtenida sea útil para tomar decisiones.


La evaluación incluye una mirada clínica y un análisis del movimiento, pero también una investigación de los diferentes pilares del rendimiento humano que podrían estar influyendo en la situación. Nos interesa conocer la historia de la persona, la evolución de sus síntomas, sus demandas cotidianas o deportivas, sus experiencias anteriores, sus capacidades actuales y las barreras que hoy le impiden avanzar.


No evaluamos para acumular pruebas. Evaluamos para responder preguntas. Cada test, medición u observación debe aportar información que nos ayude a identificar cuáles son los problemas principales, qué prioridades deberíamos establecer y cuál podría ser el punto de partida más adecuado.


Eso también significa reconocer que no toda alteración encontrada durante una evaluación necesita convertirse automáticamente en un objetivo terapéutico. El cuerpo humano presenta diferencias y variaciones. Nuestro trabajo consiste en determinar cuáles de esos hallazgos tienen relevancia para la historia, la función y los objetivos de esa persona, evitando intervenir sobre aspectos que no explican su problema ni limitan su desempeño.


Una vez obtenida esa información, podemos diseñar un plan individualizado. Pero en MS este proceso no depende exclusivamente de la mirada de un profesional. Una parte esencial de nuestro sistema es el trabajo colaborativo.


Cada evaluación es presentada y discutida en nuestras reuniones clínicas semanales. En ellas, el equipo de rehabilitación participa en el análisis de los casos y en la toma de decisiones. Esto nos permite integrar diferentes perspectivas, contrastar hipótesis y enriquecer el proceso con la experiencia del resto de los profesionales.


El trabajo en equipo no significa que muchas personas tomen decisiones desordenadas sobre un mismo paciente. Significa que existe un responsable del proceso, pero también una estructura que le permite presentar sus hallazgos, fundamentar su planificación y recibir preguntas o aportes. Esta dinámica ayuda a mantener una atención coherente y a disminuir el riesgo de que un caso quede limitado a una sola perspectiva.


En rehabilitación, las situaciones no siempre son lineales. Hay personas que progresan rápidamente, otras que necesitan más tiempo y otras cuya respuesta obliga a reconsiderar la hipótesis inicial. Contar con un equipo que revisa y discute permite enfrentar mejor esa complejidad.


A partir de la evaluación y del trabajo colaborativo, diseñamos un camino de intervención en el que cada estrategia debe tener un propósito clínico y funcional. Utilizamos intervenciones específicas y graduales para mejorar la sintomatología y recuperar las capacidades de la persona. Integramos métodos, técnicas, ejercicio, educación, exposición progresiva y mediciones de acuerdo con las necesidades del caso.

La evidencia científica orienta nuestras decisiones, pero no funciona como una receta automática. Debe integrarse con la experiencia clínica del equipo y con la realidad individual de la persona. Una estrategia puede contar con respaldo general y, aun así, necesitar ajustes según la tolerancia, el contexto, las preferencias, los recursos y los objetivos de quien tenemos delante.


Ahí aparece lo que para nosotros es el arte de planificar cada sesión. En Movement Solutions las sesiones no se improvisan. Cada sesión de cada paciente es planificada previamente, considerando lo que ocurrió en la anterior, los objetivos del proceso y la respuesta que esperamos provocar. La planificación puede modificarse si la situación del día lo requiere, pero esa adaptación también debe tener un fundamento.


Toda intervención queda registrada junto con parámetros objetivos que nos permiten seguir el proceso. Medir no significa reducir a la persona a un número. Significa disponer de información que complemente lo que ella nos cuenta y lo que observamos clínicamente. El dolor, la confianza, la percepción de esfuerzo, la capacidad de realizar una tarea, la fuerza, la potencia, la movilidad, la tolerancia a la carga o el desempeño en una actividad pueden aportar perspectivas diferentes sobre la evolución.

Entendemos la rehabilitación como un proceso dinámico. Por eso evaluamos la respuesta constantemente, registramos los avances y ajustamos el plan cuando es necesario. No esperamos hasta el final de un paquete de sesiones para preguntarnos si algo funcionó. Cada encuentro nos entrega información.


Una mejora pequeña también importa. Poder realizar una repetición adicional, tolerar mejor una carga, recuperar algunos grados de movimiento, caminar durante más tiempo o sentir menos temor ante una tarea puede indicar que estamos avanzando. Pero esas señales deben interpretarse dentro del objetivo global. No buscamos coleccionar mejoras desconectadas, sino construir una progresión coherente hacia aquello que la persona quiere recuperar.


También debemos identificar cuando una estrategia no está funcionando. Registrar y medir nos permite abandonar a tiempo una intervención que no genera cambios, modificar la dosis, ajustar las expectativas o explorar otros factores que podrían estar influyendo. Un buen proceso no es aquel que nunca cambia, sino aquel que puede cambiar con criterio cuando la información lo justifica.


En definitiva, en Movement Solutions no buscamos aplicar una receta general. Construimos junto a la persona un camino específico de mejora que le permita recuperar capacidades, comprender mejor su condición y desarrollar herramientas para sostener sus avances en el tiempo.


Y, en algunos casos, el proceso puede llevarla incluso más lejos de lo que imaginó inicialmente. Una persona puede llegar buscando volver a caminar sin dolor y descubrir que también puede entrenar fuerza. Puede consultar porque no consigue correr y terminar comprendiendo cómo programar mejor sus cargas. Puede creer que su única meta es recuperar “normalidad” y encontrar nuevas capacidades que antes no había explorado.

Esa posibilidad no se impone desde el equipo. Surge cuando la rehabilitación deja de mirar solamente la limitación y comienza a construir capacidades. Nuestro propósito es ayudar a la persona a volver a aquello que le importa y, cuando sea posible, abrirle nuevas oportunidades de movimiento, salud y rendimiento.

“En MS no aplicamos una receta general: construimos junto a cada persona un camino específico, medible y adaptable”.

¿Cuáles son los objetivos de un alta en Movement Solutions?


En Movement Solutions, el alta no se define simplemente por la desaparición del dolor ni por el cumplimiento de un número determinado de sesiones. Es una decisión individualizada que debe responder a los objetivos y necesidades de la persona.

La cantidad de sesiones puede ayudarnos a organizar el proceso, pero no determina por sí sola que alguien esté preparado para terminar su rehabilitación. Del mismo modo, una reducción importante del dolor puede indicar progreso, pero no garantiza que la persona haya recuperado la capacidad necesaria para volver a sus actividades.

Para decidir un alta necesitamos volver a las preguntas que orientaron el proceso desde el comienzo. ¿Cuál era el motivo por el que esta persona llegó a nosotros? ¿Qué actividad no podía realizar? ¿Qué esperaba recuperar? ¿Cuáles eran sus principales limitaciones y cómo han cambiado?


Una primera pregunta fundamental es: ¿la persona cumplió el objetivo por el que consultó? Ese objetivo puede ser volver a caminar, trabajar, entrenar, correr, competir, jugar con sus hijos o realizar una actividad sin el temor que sentía al inicio. El alta debe tener relación con ese propósito y no solamente con indicadores aislados.

También debemos preguntarnos si recuperó o mejoró su capacidad para realizar las actividades que estaban limitadas al ingresar. Esto requiere observar función. No basta con que una prueba mejore si esa mejoría todavía no se traduce en la vida real. Las mediciones importan precisamente porque deberían ayudarnos a comprender si la persona está más preparada para enfrentar sus demandas.


Otra pregunta es si actualmente existe algún dolor, lesión o limitación que requiera continuar con un proceso de rehabilitación. Esto no significa exigir una perfección irreal ni prometer que una persona nunca volverá a sentir una molestia. Significa analizar si todavía existe un problema que necesita nuestra intervención clínica, si persiste un riesgo que debemos manejar o si la persona ya cuenta con las condiciones para continuar avanzando de otra manera.


También evaluamos si adquirió herramientas para comprender y afrontar mejor los problemas de movimiento con los que llegó. Este punto es esencial. Un alta exitosa no debería dejar a la persona dependiendo indefinidamente de un profesional para tomar cualquier decisión. Debería entregarle mayor claridad sobre su cuerpo, sus cargas, sus respuestas y las acciones que puede realizar si aparece una dificultad.


La autonomía no significa abandonar a la persona ni decirle que debe resolver todo sola. Significa que dispone de conocimientos y recursos para continuar su camino, reconocer señales relevantes y saber cuándo puede ajustar su actividad o cuándo necesita volver a consultar.


Para nosotros, un alta exitosa significa que la persona ha cumplido sus objetivos o se encuentra muy cerca de hacerlo y cuenta con un camino claro para alcanzarlos. Ha mejorado su función, posee más herramientas y entiende mejor cómo sostener el progreso obtenido.


En algunos casos, la persona puede terminar su rehabilitación y volver por completo a su actividad. En otros, el alta puede marcar una transición hacia un proceso de entrenamiento. Y en situaciones más complejas, puede existir una continuidad planificada, pero con un cambio de foco: desde resolver una limitación clínica hacia desarrollar rendimiento, tolerancia y nuevas capacidades.

Por eso el alta no representa necesariamente el final de la relación con el movimiento. Es un momento de transición. La persona debe saber qué necesita seguir haciendo, qué aspectos conviene mantener, cómo progresar y qué objetivos podría plantearse a continuación.


Esa transición es especialmente relevante porque muchas mejoras pueden perderse si no existe continuidad. Haber recuperado una capacidad no significa que se mantendrá automáticamente para siempre. La persona necesita comprender qué dosis de movimiento, práctica o entrenamiento le ayudará a sostenerla.


El alta también debería aportar confianza. Después de una lesión o de un periodo prolongado de dolor, es frecuente que las personas duden de su cuerpo, teman recaer o interpreten cualquier sensación como una señal de daño. No siempre basta con demostrar capacidad física; también es necesario que la persona reconozca que puede utilizarla y confíe nuevamente en ella.


Por eso buscamos que al finalizar el proceso exista claridad, confianza, autonomía y comprensión. Claridad sobre lo que ocurrió y lo que se trabajó. Confianza en las capacidades recuperadas. Autonomía para continuar tomando decisiones. Y comprensión de cómo sostener las mejoras y avanzar hacia nuevos objetivos de salud o rendimiento.


El alta, entonces, no debería sentirse como una interrupción abrupta ni como el término de una cantidad comprada de sesiones. Debe ser la consecuencia lógica de un proceso en el que los objetivos fueron definidos, trabajados, medidos y revisados junto a la persona.


Cuando esto ocurre, la rehabilitación deja algo que va más allá de la disminución de un síntoma. Deja una persona mejor preparada, con más recursos y con una relación diferente con el movimiento.

“El alta no es simplemente el final de la rehabilitación: es el momento en que la persona cuenta con claridad, confianza y herramientas para continuar avanzando”.

Una rehabilitación construida junto a la persona


Las tres ideas que plantea Felipe Osorio están profundamente conectadas. Si rehabilitar no es solamente quitar el dolor, entonces la evaluación debe mirar más allá del síntoma. Si la evaluación busca comprender la realidad completa de la persona, la intervención debe ser individualizada, planificada y revisada. Y si todo el proceso está orientado a recuperar función y autonomía, el alta no puede depender únicamente del calendario o del número de sesiones realizadas.


Esta forma de entender la rehabilitación exige tiempo, comunicación y trabajo en equipo. También exige renunciar a las respuestas rápidas cuando no representan la complejidad del caso. La persona no es solo una rodilla, un hombro o una espalda: llega con una historia, un entorno, expectativas, temores, responsabilidades y actividades que dan sentido a su recuperación.

En Movement Solutions buscamos que cada decisión clínica se conecte con esa realidad. Evaluamos para comprender, planificamos con un propósito, medimos para aprender y ajustamos cuando la respuesta lo requiere. Todo esto ocurre dentro de un equipo profesional que comparte sus análisis y se desafía constantemente a ofrecer un proceso de mayor calidad.


El resultado que buscamos no es únicamente que una persona diga “ya no me duele”. Queremos que pueda decir: “volví a hacer lo que me importa, entiendo mejor mi proceso y sé cómo continuar”.


Esa es, para nosotros, una rehabilitación verdaderamente exitosa.


¿Necesitas comenzar un proceso de rehabilitación?


Si el dolor, una lesión o una limitación está afectando tu vida diaria, tu entrenamiento o tu deporte, una evaluación puede ayudarte a comprender qué está ocurriendo y cuáles son los próximos pasos más adecuados para ti.


En Movement Solutions desarrollamos procesos de rehabilitación individualizados, basados en una evaluación clínica, planificación previa, medición de avances y análisis colaborativo de nuestro equipo de kinesiólogos.


Agenda una evaluación con nuestro equipo y construyamos juntos un camino para recuperar tu función, confianza y movimiento.


Ficha editorial


Entrevistado: Felipe Osorio, jefe del Área de Rehabilitación de Movement Solutions

Tema: Rehabilitación, dolor, función, evaluación clínica y criterios de alta

Categoría: Rehabilitación y retorno al movimiento

Autoría editorial: Movement Solutions

 
 
 

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